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Por Aquiles Julián

 

“Es un honor para el rey gobernar sobre muchos,

y una ruina gobernar sobre pocos”.

Proverbios 14,28 (NVI)

 

 

Dío Astacio, pastor, motivador, conferencista y autor de libros de crecimiento personal, es una persona de gran relevancia en la vida mía y en la de mi esposa. Somos amigos y hermanos en la fe cristiana de Dío y Evelyn, su maravillosa pareja. Y he compartido con él también la pasión por impactar vidas y contribuir a elevar el nivel profesional y humano de las personas, a través del entrenamiento y la capacitación. Ahora Dío Astacio nos premia y enriquece con este nuevo libro cargado de inspiración, enseñanzas y guías: Las 7 Cicatrices del Líder.

 

Cuando Dío Astacio escribió su primer libro, Éxito Integral, Las 8 Leyes Ocultas,  que logró una difusión sorprendentemente alta en un país muy poco dado a la lectura como el nuestro, tuve el privilegio de contribuir en la corrección de estilo del mismo y quedé gratamente impresionado por su exposición. Aquellas ocho leyes ocultas del éxito resumían una sapiencia y una pertinencia singulares.  Y, de hecho, el libro fue aceptado, promovido y apreciado por líderes como Theo y Maribel Galán, diamantes ejecutivos de AMWAY, la corporación creadora del modelo de network marketing, que dirigen una extensa organización de mercadotecnia de red, al igual que por otros líderes de esa y otras organizaciones de venta directa. Dío fue orador invitado en varias convenciones de EFinity, la primera institución de capacitación acreditada por AMWAY,  tanto a nivel nacional como internacional.

 

Cito ese hecho porque EFinity entrena y capacita a emprendedores que construyen redes de distribución de bienes y servicios y estos tienen que pulir sus habilidades de liderazgo, inteligencia emocional, comunicación y trabajo en equipo, pues dichas competencias son fundamentales para tener un éxito significativo en ese modelo de negocio. La experiencia de liderazgo en el campo que desarrollan los constructores de redes de marketing les hace tener una base sólida para juzgar la validez o no de cualquier información sobre liderazgo que reciban. Entrenar líderes, que dirigen organizaciones de cientos, miles y decenas de miles de personas es un honor que normalmente se reserva a personalidades como John C. Maxwell, sin dudas la mayor autoridad mundial en liderazgo vida, Robert Kiyosaki,  Brian Tracy y autores de esa envergadura. Y a esas alturas remontó con singular éxito Dío Astacio desde su primer libro.

 

 

CÓMO SE CONSTRUYE EL LIDERAZGO

 

Este segundo aporte, Las 7 Cicatrices del Liderazgo, del cual me concedió el altísimo honor de hacerle la presentación en público el día de su lanzamiento, reedita con amplio éxito el logro alcanzado con su primer libro. Se trata de un aporte a la construcción del carácter del líder, señalándole siete áreas de prueba que tendrá que superar para consolidar un nivel de liderazgo trascendente.

 

El liderazgo se construye ganando influencia, respeto, aprecio y e identificación con las personas que se agrupan alrededor de quien ejerce el papel o rol de líder. No es impuesto. No se da por decreto. No es un título o un puesto. No figura en un organigrama corporativo. Es una relación que se gana con el tiempo, y en su corazón están la integridad percibida, los valores y la visión compartidos y el servicio que presta el líder a sus colaboradores.

 

La integridad percibida, la congruencia entre lo que el líder predica y lo que el líder hace, es la base de la confianza. Los valores y la visión fundamentan igualmente la credibilidad en el líder y la fe en hacia dónde nos conduce, y también en su habilidad para llevarnos allí a buen término. El servicio que el líder proporciona genera reciprocidad, interés personal en contribuir. Esa confianza, esa credibilidad, esa fe y esa reciprocidad son claves en la construcción de un liderazgo eficiente y eficaz.

 

Como aprendiz, lector insaciable y practicante de relaciones de liderazgo, he quedado gratamente sorprendido por estas 7 Cicatrices, aunque admito que inicialmente me chocó el título por lo crudo del mismo. Una cicatriz, por otro lado, indica un proceso que ya sanó. El tejido conjuntivo cerró la herida abierta y la selló. Simplemente recuerda un suceso traumático superado. En el caso de estas siete áreas de crecimiento en el carácter del líder, las cicatrices señalan que el líder afirmó su carácter al superar las pruebas a las que las circunstancias le sometieron.

 

 

LAS 4 PRIMERAS CICATRICES

 

¿Cuáles son estas cicatrices y por qué ellas tienen que ver con el carácter del líder? La primera es la cicatriz del perdón. En toda relación se producen situaciones que entrañan algún tipo de injusticia, incomprensión, maltrato, abuso o desconsideración hacia quien ejerce el papel de líder por parte de uno de sus colaboradores. Si quien ejerce el rol de líder carga animosidades, rencores, intenciones de venganza, eso nublará no sólo la relación con la persona en específico que produjo la herida, sino con otros colaboradores que se mirarán en aquel espejo y sentirán que lo mismo les podría suceder a ellos.

 

La generosidad en perdonar es clave en la construcción de un liderazgo genuino, sano y creciente.

 

La segunda cicatriz tiene que ver con el valor. El atreverse, el actuar con determinación, el arriesgarse, son cualidades de indudable importancia. Nadie se siente a gusto en seguir a una persona dubitativa, irresoluta, cobarde. Y si bien tampoco apreciamos la temeridad irresponsable, queremos sentir que quien nos guía toma decisiones y encara con intrepidez las tareas que se derivan de ellas.

 

La tercera cicatriz que trata Dío Astacio en su libro es la de la paciencia. John C. Maxwell, que al igual que Dío Astacio es pastor y desarrolló su liderazgo en congregaciones cristianas, tiene un libro fundamental en liderazgo: Las 21 Leyes Irrefutables del Liderazgo. Una de esas leyes fundamentales es la Ley del Proceso: todo logro toma un tiempo y un esfuerzo.  Nada significativo se construye de la noche a la mañana. La premura es mala consejera. Antes de crecer hacia arriba, las plantas primero crecen hacia abajo: un crecimiento que nadie ve, pero es el que sostiene al pequeño brote en su ascensión.

 

La paciencia, lógicamente, no es inacción; por el contrario, es perseverante constancia, acción consistente. Theo Galán, mi mentor, suele enfatizar la importancia de la acción continua, de la permanencia en el trabajo que es garantía de éxito.

 

La cuarta cicatriz es la de la oración. En los momentos de incertidumbre, ante las situaciones inesperadas, cuando nuestras expectativas son desmanteladas por sucesos que las echan por el suelo, cuando las cosas parecen no suceder en nuestro favor, la fe es el único baluarte que nos permite sobrepasar el mal momento. Orar, claro, no sólo es sano en momentos de aflicción o contratiempos, por el contrario, el Libro Sabio nos recomienda poner en manos de Dios todos nuestros planes, ya que si Dios no edifica la casa, en vano se afanan los edificadores. Todo líder íntegro es, simultáneamente, una persona de profunda fe. El liderazgo es una responsabilidad inmensa, pues las expectativas y la suerte de muchos dependen de nuestra correcta conducción. Y necesitamos iluminación de lo alto para acometer tal tarea con éxito. Como bien reza Proverbios 16,1: “La gente hace planes, pero sólo el Señor puede hacerlos realidad”.

 

 

 

LAS 3 SIGUIENTES CICATRICES

 

La quinta cicatriz que trata el autor es la de la justicia. Y eso implica equidad, equilibrio, discernimiento y compasión. No son una ni dos las situaciones en que un sentido de justicia equilibrado y compasivo serán útiles. Y en que también cometeremos errores por exceso o por defecto.  El manejo de organizaciones y de personas, que implica intereses, puntos de vista, percepciones y expectativas contrapuestos y en no pocas ocasiones contradictorios, pondrá a prueba nuestro sentido de justicia y equilibrio más de una vez. Sume a estos afectos, tendencias, proclividades e inclinaciones naturales, junto a nuestra igual parcialidad y limitaciones en información, etc. Mantener la ecuanimidad, el apego a los hechos, la generosidad, el desprendimiento, la búsqueda de consenso, la propensión a ceder para alcanzar la mayor unidad de criterio, etc., más que imponer y abusar del poder otorgado es un rasgo que define al líder maduro del que todavía está crudo para responsabilidades y tareas de mayor envergadura.

 

Luego está la sexta cicatriz, la cicatriz del silencio. Tal vez la mayor prueba de autocontrol estribe en saber callar cuando todo impulsa a hablar. El silencio implica en el liderazgo muchos aspectos: la discreción frente a la confidencia, el tacto, el autocontrol frente al ataque injusto o desproporcionado; el manejo prudente de la información. Las palabras hieren más que las agresiones físicas, porque hieren en el corazón. Las heridas emocionales son más difíciles de restañar. El perdón y el silencio son las dos cualidades más difíciles de desarrollar. A cada instante podemos estar tentados a ripostar, a zaherir, a humillar, a maltratar, a “poner en su puesto”, a lacerar una relación. Se espera del líder ecuanimidad, capacidad de aguante, temperancia.

 

De hecho, a no pocos líderes les hundió su explosividad, la facilidad con que respondían a las provocaciones. Perdieron la confianza de gente que temía que tomaran decisiones temperamentales basadas en sus estados de ánimo y sus fluctuaciones temperamentales. Dos ejemplos de ello son Juan Bosch, brillante escritor y político de honestidad sobresaliente; y José Francisco Peña Gómez, fogoso orador y líder de masas. Ambos se enajenaron simpatías por la facilidad con las que cedían ante provocaciones y explotaban en público. Muchos temieron las consecuencias de esa deficiencia de carácter en el ejercicio del poder.

 

La séptima cicatriz que el autor trata es la cicatriz de la humillación. Y como Dío Astacio nos muestra en su libro, aquella trasciende a la humildad. Implica domesticar el ego y someterlo. Ir más allá. Se trata de un acto supremo de valor sobre uno mismo.  Las trampas del ego, la humildad de fachada, el compromiso con nuestra autoimagen, pueden llevarnos a conductas erróneas. Humillarse, aceptar el error, pedir perdón, ceder y buscar el consenso, excusarse aún cuando el error sea ajeno, muestra grandeza de corazón y respeto.

 

 

LA CONSTRUCCIÓN DEL CARÁCTER DEL LÍDER

 

Como vemos, todos son rasgos de carácter que van a separar un liderazgo eficiente y eficaz, trascendente, de un liderazgo temporal y limitado. Un líder siempre se expone al juicio de los demás, y en la medida en que su liderazgo se acrecienta, vive en una casa de cristal donde todos se sienten en derecho de opinar y juzgar sobre su vida. Y aquello que se le tolera y acepta a cualquier otra persona en un líder puede aparecer como una mancha intolerable. Es el precio que el líder paga por la influencia y confianza de que goza. Todo el mundo quiere sentirse guiado por alguien de superior calidad a sí mismo.  Usted y yo queremos sentir que el conductor del vehículo en que vamos tiene  niveles de destreza, prudencia, sentido común, experiencia y autocontrol superiores a los de uno mismo, pues estamos confiando a él nuestra vida e integridad personales.

 

Hay muchos libros que tratan las habilidades y destrezas del liderazgo. Y hay una necesidad continua de líderes en la sociedad. De hecho, la decadencia de la calidad de liderazgo es algo que nos agobia. Necesitamos líderes fuertes, confiables y capacitados para llevarnos a un futuro mejor.

 

John C. Maxwell en el libro de Las 21 Leyes que citamos, señala una que es la Ley del Tope: usted no va a llegar más allá de su nivel mental de liderazgo. Nuestro tope mental puede ser más alto o más bajo. Ahora bien, todos tenemos un tope. Nuestra tarea es elevar nuestro tope para no torpedearnos nosotros mismos y ser nuestro propio obstáculo, como aquel verso de un poeta persa que dice: “Eres tu principal barrera; salta sobre ti mismo”.

 

Leer, aprender y ampliar nuestra cultura de liderazgo es fundamental. De hecho, es una materia que debe impartirse en todas las escuelas y en todas las universidades. Como seres sociales, precisamos de líderes con formación apropiada. Cuando la sociedad carece de buenos líderes y de una cultura de liderazgo sana, entonces favorece la aparición de líderes inapropiados, dañinos, con las fatales consecuencias que se derivan de un mal liderazgo.

 

Y lo más importante de un líder siempre será su carácter, pues de él se derivan sus valores, su visión, su ética y su integridad. Eso es lo que hace que este nuevo libro de Dío Astacio, Las 7 Cicatrices del Líder tenga tanta importancia para nuestro país, nuestra región y nuestra humanidad.

 

 

LA MAYOR PRUEBA DE LIDERAZGO: DIRIGIR LÍDERES

 

Dío Astacio lidera una congregación cristiana a la que mi esposa y yo pertenecemos. Y en ella pastorea a dirigentes  políticos y empresariales como Elías y Lourdes Serulle, él diputado y empresario tradicional, y ambos zafiros de AMWAY, con una organización de pujante crecimiento. Liderar líderes es una prueba superior, pues como John C. Maxwell enseña en su manual Desarrolle a los Líderes Alrededor de Usted, el líder por naturaleza es independiente, tiende a asumir la dirección y posee criterio propio.

 

En ese contexto, las siete áreas de crecimiento interno que Dío Astacio describe en su obra cobran importancia capital. Nada más difícil de dirigir que un líder. No hay reto mayor que ser líder de líderes.

 

¿Para quién es importante este libro? Para todos. Todos estamos llamados a liderar a otros: nuestra familia, nuestros amigos, nuestros colaboradores. Todos ejercemos influencia, positiva o negativa. Pulir y afirmar nuestras capacidades y destrezas de liderazgo es vital para alcanzar logros significativos en nuestras vidas. Todos somos líderes en algún aspecto de nuestras vidas.

 

Y, en consecuencia, todos necesitamos construir en nosotros esas siete áreas de experiencia de liderazgo, esas siete cicatrices. El perdón, que comienza por el perdón a nosotros mismos, el deshacernos de cargas (rencores, victimismo, viejas ofensas), que lastran nuestro presente. El valor para encarar los desafíos del presente. La paciencia para aguardar que los procesos se verifiquen, teniendo fe en los resultados. La oración para obtener fuerza de lo alto, cuando nos sentimos desmayar. La justicia para actuar con equilibrio y compasión. El silencio para callar y refrenar nuestra tendencia a herir. Y la humillación para no dejar que el ego nos controle.

 

En el hogar, en el sector de residencia, en el trabajo, en el grupo social con el que se interactúa, en las relaciones profesionales, políticas, etc., en las relaciones de uno consigo mismo, esas 7 áreas de crecimiento del carácter tienen un papel cardinal para una vida de logros positivos.

 

Este libro es un libro, que digitalmente puede obtenerse en el enlace: http://libreriabendicion.com/tienda/product_info.php?products_id=86,  sin dudas destinado a cumplir un papel importante como alimento espiritual de personas que ejercen posiciones de liderazgo o que están en camino a ello. Es un libro de cabecera al cual volver una y otra vez a buscar guía y consejo. Su apoyo en la Biblia, el manual de liderazgo por excelencia, con sus cientos de historias y recomendaciones, también es otro acierto del autor. Abrevemos en sus páginas y nutrámonos para que las heridas restañen rápido y las siete cicatrices maduren nuestro rol de líderes.

 

Véalo en Blogger: http://elblogdeaquilesjulian.blogspot.com/2011/03/las-7-cicatrices-del-lider-de-dio.html

 

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