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Por Aquiles Julián

“…aferrados a la esperanza

de recibir algún mensaje

que anuncie que en el país

algo ha cambiado.”

Noberto James Rawlings

Iniciamos Muestrario de Poesía como un acto de fe en la palabra y una misión de compartirla. Si la cultura digital nos abría amplias puertas: a la edición, a la difusión allende nuestras costas, al contacto y al intercambio ¿por qué no aprovecharla para crearle a la poesía un nuevo caballo verde cibernético? ¿Por qué no desafiar el infeliz concepto de que la poesía no vende, proponiéndonos, entonces, regalarla? ¿Por qué no distribuirla, implicar a otros en esta conspiración y desatar la poesía sobre un mundo cada vez más enloquecido, atrapado en los discursos delirantes, en la exaltación de la frivolidad y el vicio, en siniestras matanzas y los mismos abusos de siempre?

Lo empecé también como un ejercicio del Poder de Uno, la prueba de que no hay que esperar que otro: una persona, una institución, el Estado, la ONU o quien sea a quien le endilguemos la responsabilidad, haga. Hay que proponerse y ponerse a hacer. La voluntad puede más que la posición o el presupuesto. Lo mejor de la cultura dominicana se ha hecho al margen del Estado y al margen de los generosos presupuestos públicos. ¿Por qué habría de ser distinto hoy?

Poco a poco Muestrario de Poesía ha ido creándose un espacio de respeto. Hemos tenido, desde el inicio, la colaboración desinteresada de amigos como el poeta Alexis Gómez Rosa. Y hemos hecho nuevos amigos, como el poeta mexicano Fernando Ruiz Granados. Acopiamos, con paciencia y amor, poemas y reunimos en un espacio de desprendimiento y generosidad de autores, traductores y colaboradores las voces de poetas relevantes, en especial algunos que no solían ser amplificados por los circuitos editoriales impresos, que no aparecían en nuestras librerías, que no eran conocidos más allá de sus países.

Tuve la bendición, vía la mano amiga de Alexis Gómez Rosa, de arrancar con una antología del poeta mayor de Honduras, Roberto Sosa, quien aprobó nuestra iniciativa. Y he recibido un desprendido apoyo de los poetas dominicanos radicados en los Estados Unidos y otros países. Y para más regocijo, el gran poeta argentino Carlos Barbarito nos concedió la primicia de un libro inédito para que lo diéramos a conocer por este medio, que es el próximo a editar.

Hoy nos engalanamos con un número que marca un hito: las Poesías Completas de Norberto James Rawlings.

Norberto James fue, más que nadie, el poeta de referencia para los que iniciábamos en los afanes del verso para la década de los años ´70.

Tiempos feroces, marcados por el diálogo a balazos de los extremismos: terrorismo de izquierda, que se complacía en bombas, atracos y muertes viciosas de infelices policías y soldados; terrorismo de Estado, dedicado a descabezar a la izquierda, certero y letal. Discursos seudorradicales, negación de la democracia y el pluralismo, exaltación de la dictadura  y la fuerza, del odio y la barbarie. Fuimos comparsas de una guerra de la que no conocíamos sus intríngulis;  simplemente nos dejamos usar, coreamos las consignas y aportamos nuestra ración de irracionalidad.

Estábamos convencidos de marchar del lado luminoso de la Historia. Hoy sabemos que no había lado luminoso alguno, ningún sendero luminoso, sino crimen de un lado y del otro. Cuando no eran los cinco clubistas del “Héctor J. Díaz” asesinados por una patrulla de la Policía Nacional,  era Miriam Pinedo descuartizada por sus propios camaradas. O el billetero de la esquina. Fuimos más que ingenuos, más que comparsa, de aquella orgía de sangre.

Al final, unos salieron con grandes obras físicas y grandes crímenes que exhibir. Otros, sólo con crímenes: ningún aporte. Y algunos, de atracar billeteros y cambiacheques dieron el gran salto a atracar el presupuesto del Estado y hoy muestran las mieles de la bonanza sin pudor alguno.

Estos juicios, aclaro, son míos. En nada comprometen e implican a Norberto James. No los consulto. No pido permiso a nadie para exponerlos. Tampoco abarcan a nadie a nadie más fuera de mí. Es mi evaluación, sólo mía, aclaro.

A Norberto se le quiso encuadrar como el “gran poeta proletario” que el momento requería. Él llegaba de San Pedro de Macorís, del batey, hijo de inmigrantes negros de las Antillas inglesas venidos a estas tierras, acicateados por la necesidad, a trabajar en las zafras azucareras y que aquí se afincaron, echaron raíces y construyeron una identidad: los cocolos, y una historia de decoro humilde, de paciente trabajo, de modestia y respeto que les distinguió y apartó de la cultura local tan dada a la molicie, los vicios y el jolgorio.

Era, lógicamente, una trampa. La instrumentalización de la poesía para fines siniestros por quienes asesinaron y siguen dispuestos a asesinar a poetas, escritores, artistas y a todo el que disienta. Y de alguna forma su razón o su instinto le permitió escapar a ella.

Se fue a Cuba, aprovechando una beca, a concluir sus estudios universitarios. Y se graduó en Filología en la Universidad de La Habana, en 1978. Vio cómo los viejos discursos caían desmantelados y las antiguas máscaras dieron paso a otras; un nuevo viento frío recorría la República: un viento de oportunismo y de indecencia y de descaro.

Entonces se marchó hacia el Norte revuelto y brutal. Allí, como sus padres acá, se afincó, hizo familia, se dedicó a la docencia y a añorar, desde el frío de Boston, Massachusetts, cercano a la frontera de Canadá, la tibieza de la isla, su infancia sin bicicletas ni libros.

Allí completó su Maestría y su Doctorado. Y allí ha seguido escribiendo, desde la nostalgia y el amor.

Su poesía posee un tono lírico que alcanza, en ocasiones, la fuerza épica de un poema como Los emigrantes, oda a la raza de humildes braceros que cruzaron el mar para fundar familia en nuestras costas y hoy son tan dominicanos como el que más. En otras se hace íntimo. Y en muchas otras cosas escarba entre los trastos y fotos de la añoranza y la rememoración y nos atrapa en ella.

En algunos de sus temas e imágenes se siente el hálito, el vocabulario, los recursos de La Poesía Sorprendida, como este título: Desatado fervor. ¿No hay un hondo homenaje a Franklin Mieses Burgos en esas Creencias de la rosa?

Otro de sus títulos es: Palabras en desuso, y lo quiero emplear para decir que hay otras palabras en desuso relativa a las esperanzas abortadas, a los sueños frustrados, al futuro que envejeció y no fue. Esas palabras que habitan los primeros poemarios de Norberto siguen vivas. Y hay que recuperarlas de quienes las instrumentalizaron.

Tenemos que seguir propiciando la democracia, la libertad, los derechos civiles, la tolerancia, un país de oportunidades y apego a las normas civilizadas de convivencia, ya sin la amenaza del autoritarismo que quería colarse usándolas, para quitarnos aún las magras libertades que la acción viril de los héroes del 30 de Mayo nos legaron.

No vamos a renunciar ni a un país mejor ni a una sociedad más justa y decorosa. Tampoco a dejarnos manipular por quienes se apoyan en los anhelos redentores de tantos para estafarnos y despojarnos y devolvernos a la tiranía.

¿Y qué decir de su generosidad? Cuando le envié un número de Muestrario de Poesía que dediqué a su obra y le pedí su colaboración, me sorprendió otorgándome el honor de publicarle sus Poesías Completas para regalarlas al público. Helas aquí, el pan de la palabra, para alimentar una época sedienta de poesía y de sueños y de esperanzas; aturdida en discursos estentóreos y cañonazos, en la frivolidad y la insensatez que nos promueven y en las que nos educan. Y nos enclaustran.

Alguien las leerá y apreciará, las atesorará en su corazón y se enriquecerá con ellas, ampliando su visión y nutriendo su propia voz. En alguien retoñarán estos versos y serán la progenie de Norberto James como lo fui yo, como los fuimos tantos de los poetas que hacíamos nuestros pininos a comienzos de la década de los ´70.

Gracias  a ti, querido amigo, por el altísimo honor que nos concedes.

Véalo en Blogger: http://elblogdeaquilesjulian.blogspot.com/2011/04/las-poesias-completas-de-norberto-james.html

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Por Aquiles Julián

 

A Elías y Lourdes Serulle, mis mentores

 

¿CUÁL ES LA SITUACIÓN REAL DE TUS INGRESOS?

Evalúa cuál es la situación de tus ingresos, pues por ahí comienza todo:

  1. ¿Se te acaba el cheque antes de que acabe el mes?
  2. ¿Estás financiando con préstamos o tarjetas de crédito el faltante y endeudándote?
  3. ¿Estás prácticamente quedándote sin nada qué ahorrar y guardar porque lo que ganas apenas te da para cubrir mal que bien tus gastos?
  4. ¿Te sientes estancado económicamente, sintiendo que no avanzas y cada año te haces más viejo sin que mejoren tus ingresos?
  5. ¿Los aumentos de precio están pulverizando tu poder de compra?
  6. ¿Sientes que es urgente que tienes que hacer algo porque sabes que pierdes empleabilidad por la edad?
  7. ¿Tienes real interés en incrementar tus ingresos?

Si has respondido afirmativamente a una o varias de las preguntas anteriores, ¿sería importante para ti encontrar una vía efectiva y práctica de superar la situación y salir a camino en tus ingresos?

PRECIOS QUE SUBEN FRENTE A SALARIOS ESTANCADOS

La inflación se está tragando tu sueldo. Hay una escalada alcista continua. Cada vez tienes menor poder de compra.

Muchos están rebajando su calidad de vida: comprando productos de tercera, bajando las cantidades, eliminando algunos productos, salidas, gustos, etc., para ajustarse a un poder de compra disminuido.

Otros se endeudan utilizando tarjetas de crédito y quedando presa de las altas tasas de interés de los bancos que llegan al 100%.

Muchos se sienten desesperados y no saben cómo cambiar la situación de deterioro de sus ingresos que experimentan.

La brecha que separa los ingresos de los gastos se amplía.

A todo esto muchas empresas reducen su plantilla de empleados.

Otros negocios quiebran.

Algunos sustituyen a sus ejecutivos por otros que cobren menos.

¿Es esta parte de tu realidad?

¿CUENTAS CONTIGO O CON “PAJARITOS VOLANDO”?

Muchos, ante la realidad de los aprietes, se hacen ilusiones. Fantasean en que un cambio de gobierno devuelva las cosas al pasado. Pero es imposible.

Otros quisieran una solución mágica. O apuestan a la suerte y cada semana juegan la Loto con la vana esperanza de sacársela.

Muchos aguardan a que “pase algo”. ¿Qué, en específico? No lo saben. Algo. Un hecho que cambie el curso de los acontecimientos.

Muchos dependen de que sucedan cosas. De que otros hagan cosas. No de lo que ellos mismos puedan hacer.

Ahora bien, tu situación particular te concierne a ti, no a otros. Si otros padecen una situación similar, ellos buscarán la manera de resolver la de ellos, no la tuya.

No es inteligente cifrar tus esperanzas en que pasen cosas que tú no controlas y sobre las que no influyes.

La clave para resolver tus apreturas financieras empieza por tomar el control de tus ingresos. Tomar el control de tu vida.

Y aprender a actuar con las reglas de la nueva economía: la economía de redes de la sociedad del siglo XXI.

¿QUÉ PUEDES HACER PARA RECUPERAR PODER DE COMPRA?

Es obvio que si tus conductas, si tus elecciones y decisiones son las que han conducido a los resultados que ahora tienes, si quieras resultados distintos tendrías que cambiar esas conductas, esas elecciones y esas decisiones.

Repetir lo mismo y esperar resultados distintos es pensar de manera ilógica.

Uno construye los resultados que tiene.

Y si quiere otros resultados, hay que cambiar las maneras de pensar, decidir y actuar que nos llevó a los resultados que tenemos. ¿Suena sensato lo que decimos?

Hay tres vías para recuperar el poder de compra perdido.

  1. Ahorrar en los gastos
  2. Aumentar los ingresos
  3. Construir una segunda fuente adicional de ingresos

Una combinación de esas tres vías te permite tomar la iniciativa, el control sobre tus ingresos y sobre tu vida, darle un giro de 180° a tus finanzas y salir de la carrera de ratas en que la mayoría se desgasta, por ir tras un salario que no da ya para mucho.

APRENDER A AHORRAR ENTRE RD$25,000 (US$600.00) Y RD$70,000 (US$2,000) al año.

Una manera válida de recuperar poder de compra es ahorrar en los gastos del hogar.

Imagina que puedes ahorrar entre RD$2,000.00 a RD$6,000.00 pesos mensuales ¿eso te resultaría de ayuda?

Si eso fuera posible para ti, ¿qué preferirías tú: seguirlo perdiendo o ahorrártelo?

Te tenemos una tremenda noticia: ¡te los puedes ahorrar! ¡Y te podemos enseñar cómo!

Todo se basa en hacer cambios positivos a marcas que te den más calidad con más rendimiento, de forma que se produzca una fuerte economía en los gastos de tu hogar.

Sobre todo si, al mismo tiempo, mejoran significamente tu calidad de vida.

Que los productos que utilices no sean, como muchos productos comerciales, tóxicos y dañinos para la familia.

Si son biodegradables y orgánicos y protejen el medio ambiente en vez de envenenarlo.

Si su rendimiento es tal que te duran muchísimo.

Puedes aprovechar un concepto: Casa Sana / Hogar Ecológico, que te ayuda a ahorrar, a sanitizar e higienizar tu hogar y a cuidar el medio ambiente, ahorrando dinero.

DEL AHORRO A LOS INGRESOS ADICIONALES

Como viste, te puedes ahorrar entre RD$2,000 y RD$6,000 mensuales, dependiendo del número de tu familia y el nivel de gastos que tengan.

Ahora dispones de ese dinero, que antes se te iba en las compras. ¿Pero cómo podemos obtener más ingresos? Simple, enseñando y ayudando a tus familiares, a tus amigos, a tus vecinos, a tus colegas, etc., a ahorrarse entre RD$25,000 y RD$70,000 pesos al año.

Ya ellos son consumidores. Van al supermercado, a la tienda, al colmado, a los almacenes, y compran una serie de marcas. Al enseñarles a ahorrarse entre RD$2,000 y RD$6,000 pesos al mes ¿crees que eso les interesaría?

Si un vecino te dijera que está dispuesto a enseñarte, sin compromiso, a ahorrarte entre RD$25,000 y RD$70,000 pesos ¿le prestarías atención? ¿Le darías la oportunidad de explicarte cómo lograrlo?

Al igual que tú ellos viven los aprietos de una economía en que los precios suben y suben y suben, mientras los salarios se quedan estancados.  Quisieran ahorrar, pero no saben cómo.

Sólo tienes que ir con tus productos y demostrarles todo lo que se van a ahorrar y te pedirán los productos.

EL DINERO QUE TE FALTA ESTÁ ALREDEDOR DE TI.

Si estás rodeado de personas estás rodeado de dinero. Y es porque todo el dinero del mundo es propiedad de las personas.

Algunas tienen mucho, en demasía. Otros tienen muy poco, les falta bastante. Pero todo el mundo en esta sociedad tiene que tener dinero, porque la comida hay que comprarla.

¿Para qué la gente quiere dinero? ¡Para comprar! ¡Para gastarlo! ¿Qué tal si lo gastan contigo, en vez de con el supermercado o la tienda?

¿Dónde preferiría que se fuera el dinero?

Tienes familia: tíos, primos, hermanos, etc. Y si eres casado o casada, igual tu pareja. Tienes padrino y madrina. Tienes vecinos. Amigos de infancia. Compañeros de estudio. Compañeros de trabajo. Colegas. Hermanos de iglesia. Socios al igual que tú de una asociación o club. Conocidos… Cada una de esas personas y familias quisiera ahorrarse un dinero. Y tú la puedes ayudar.

¿Qué recibes por hacerlo? ¿Cuál es tu beneficio? Ahí recibes ganancias por dos vías: la venta directa (35%) del precio cobrado y el programa de bonificación (un % que varía dependiendo del volumen de puntos movidos).

APRENDER A CONSTRUIR INGRESOS QUE NO DEPENDEN DE TI.

Bien. Haz ahorrado entre RD$2,000 y RD$6,000 pesos al mes. Y luego haz aumentado tus ingresos capitalizando en tu provecho el potencial de compra o gastos de tus relaciones: familiares, amigos, vecinos, conocidos, etc.

Puedes estar ingresando, en un primer mes, unos RD$15,000 a RD$20,000 pesos adicionales a tu salario o ingresos. Bastante bien para comenzar.

Eso paga la gasolina. O el colegio. O la compra. O el celular. O el préstamo de la casa. O el préstamo del carro. O nos deja alguito para ahorrar.

Lo malo es que es ingreso lineal; es decir, ingreso que depende de tu trabajo. Mientras hagas el trabajo ganas, pero si te enfermas, te va de vacaciones, te descuidas o paras, el dinero dejar de fluir y vuelven las apreturas.

Eres la máquina que lo produce. Esa máquina no se puede enfermar. No puede perderse un mes. El ingreso te esclaviza.

¿Qué tal si pudieras construir una máquina que te sustituya y produzca el ingreso por ti y tú recibieras los beneficios?

¿Te gusta la idea? Es hora de aprender a construir ingreso residual.

APRENDE A CONSTRUIR REDES: LA ECONOMÍA DEL SIGLO XXI

El siglo XXI es el siglo de las redes.

Ya eres parte de varias redes. De la red telefónica. De la red de Internet. Echas gasolina en una red de estaciones gasolineras. Vas a comprar a un supermercado que es parte de una red. Ves el Telecable que es una red.

Eres, pues, parte de una red, como cliente.

Pero si quieres liberarte de la obligación del horario, de la inseguridad del empleo, del ingreso estancado, de la incertidumbre del futuro, tienes que aprender a construir una red propia.

La economía del siglo XXI es la economía de redes.

Y tú puedes aprovechar esta realidad. Y beneficiarte de ella.

Para construir ingreso residual, que no dependa de tu trabajo sino del trabajo de un equipo, la vía más práctica y asequible es construir una red.

Eso te libera de las obligaciones del empleado: horario, rutina, salarios limitados, etc.

Te devuelve el control de tu tiempo. Es decir, el control de tu vida.

¿QUÉ NECESITAS PARA CONSTRUIR UNA RED PROPIA?

Simplemente querer y luego apoyarte en un equipo de apoyo que te dé mentoría y dirección, apoyo y consejería.

Necesitas querer. Y también determinación en mantener la decisión.

Entrenarte y capacitarte.

Asociarte con otros. Hacer equipo con tus auspiciadores/mentores.

Practicar. Cambiar y pulir tus competencias relacionales.

Fortalecer tu carácter. Pulir tu actitud. Y mantener consistencia en tu camino al éxito.

¿Qué es construir una red? Es vincular contigo a personas que, al igual que tú quieran expandir sus ingresos, compartiéndoles tus experiencias y conocimientos, aprendiendo a ser un mentor para ellos.

Es simplemente repetir con otros lo que tus mentores han hecho contigo.

Es devolver por gracia lo que por gracia te fue dado.

Llega un momento en que la red crece a tal nivel que ya escapa a tu control. Nuevos líderes toman tu relevo. Tus ingresos se disparan. Y eres ¡LIBRE!!!

LA RED ES EL CAMINO HACIA LA LIBERTAD

Inicialmente, al construir una red propia de consumidores, puedes ganarte entre RD$30,000 a $45,000 pesos mensuales en los primeros tres meses.

Y puedes ir de $45,000 a RD$70,000 pesos mensuales de tres a seis meses.  Y evolucionar de RD$70,000 a RD$100,000 pesos de seis meses a un año.

Pero en la medida en que aumentas tus habilidades de liderazgo, trabajo en equipo, competencias relacionales y de servicio tus ingresos pueden dispararse a niveles mayores.

Vas a aprender a formar líderes. A crear comunidades de líderes que dirigen comunidades de consumidores.

Sólo es preciso un paso: la decisión de querer aprender a construir redes de consumidores.

El deseo de enseñar a otros a ahorrar. La decisión de cambiar la inseguridad y la incertidumbre por la prosperidad financiera.

Esa decisión es tuya. Nadie puede tomarla por ti.

Pero si te animas, mi esposa y yo nos sentiremos honrados y bendecidos de apoyarte, ayudarte y ser  tus mentores en el camino hacia la prosperidad. Escríbenos a ideas.para.prosperar@gmail.com  y con gusto compartiremos contigo información adicional.

Dios te bendiga.

 

Véalo en Blogger: http://elblogdeaquilesjulian.blogspot.com/2011/04/como-sobrevivir-cuando-la-economia.html

 

Por Aquiles Julián

 
“Tenemos un país para experimentar; nos equivocamos pero seguiremos experimentando, hasta que aprendamos”

Ernesto Guevara, alias Ché

durante su visita a Argelia, 1965

 

Bastó que el cantante progre español Joaquín Sabina se diera tardía cuenta del tollo cubano y declarara que aquello era un “fracaso histórico” para que emergiera una histeria de denostaciones, insultos y desconsideraciones al viejo “compañero de ruta” que terminaba por desertar de su puesto en La Matraca Canalla.

 

Ahora se le saca en cara su vicio por la marihuana ¿No lo tenía cuando se reunía con el tiranosaurio Fidel? ¿No se fumaba sus “porros” en Cuba? Supongo que sus declaraciones dieron origen a una rompederas de CD´s, borraderas de canciones en los MP3, MP4 y otras exclusiones. Sabina acaba de ser excomulgado de la santa mancomunidad de los incondicionales de la dictadura militar cubana, miembros de ese aparato de calumniar, desinformar, mentir y acosar que la Seguridad cubana maneja a discresión, al cual llamó La Matraca Canalla. Pobre Sabina, no imaginaba que por  recobrar un poco de cordura tuviera que pagar ese precio.

 

Interesante es ver cómo, saltándose toda evidencia, sin ningún recato, los tiranófilos del patio, afectados de castroenteritis marxana crónica se desatan en una repetición de mentiras que las mismas autoridades cubanas han terminado por desmentir ante el descalabro de aquel experimento social. Y otros, cándidamente se hacen eco del cúmulo de falsos “logros” que el castrismo declara, sin que ninguna institución externa pueda verificarlos. Así, no dudan en decirnos que “Cuba nos lleva 100 años

 

¿Qué pruebas aportan de sus asertos? ¡Oh, las declaraciones del castrismo! ¿Se preocupan estos de contrastar su fuente con la experiencia personal, otras fuentes o puntos de vista? ¡Qué va! Descalificado todo lo que no sea afín a la infame tiranía que asola Cuba, para lo que se cuenta con una colección de sambenitos labrados por la Seguridad cubana durante décadas: “gusanos”, “agentes de la CIA”, “lacayos del imperialismo”, “reaccionarios”, etc., sólo queda lo que Fidel diga y, si es por decir, la logorrea del senil dictador cubano es imparable. Diserta sobre todo lo divino y lo humano, con suficiencia docta, por algo estudio Derecho.

 

Es variopinta la gama de defensores de la tiranía militar cubana. Los hay ingenuos y cándidos, los hay oportunistas, los hay cobardes, los hay cómplices y los hay cínicos. Algunos están haciendo pininos de rebeldía “antisistema” cuando ya no hay riesgo en ello, dándoselas de valientes. Otros persiguen el aplauso fácil de la claque castrófila, la amplificación del aparato “cultural” de la Matraca, bien aceitado y en perfecto funcionamiento,  ya que aplican la política de penetrar los “aparatos ideológicos del Estado” (incluso los aparatos políticos y militares del Estado: ¿no fue Chávez fruto de la penetración del PCV en las filas de las FAN venezolanas?). Algunos no dejan de tirarle a viajecitos todo pago, premios Casa de las Américas y ediciones. Hay quienes aplican a subvenciones para subsidiar la “revolución” personal en alguna ONG. Cada quien tiene su agenda privada. Todos se prestan para la misma infamia.

 

Como es la primera gira, en todos sus años de cantor “contestatario”, de Sabina en los Estados Unidos, de inmediato se atribuyó a puro mercantilismo su gesto. Y de paso se especuló que era para garantizarse audiencia en un posible concierto en Miami. Ya saben, un ejercicio de ese mecanismo de defensa que se cataloga de proyección en su mejor expresión. Eso no más.

 

LA CUBA QUE LOS CASTRÓFILOS EMPEDERNIDOS DESCONOCEN

 

La disparatología, fruto de la inhabilidad para pensar e indagar datos, o analfacastrismo, se expresa en un hecho: se habla de una Cuba surgida ex nihilo, no como una sociedad de desarrollo sobresaliente en 1958, sino como si aquella hubiese sido una especie de Haití lastimoso, sumida en el atraso, a quien Castro y su banda redimieron.

 

En su ensayo “La ficción Fidel” la narradora cubana Zoé Valdez (a la que, por cierto, la Inteligencia cubana que opera localmente, manejada desde la embajada de la tiranía,  envió matones armados a sabotearle un conversatorio en nuestro país), muestra cómo el dúo de tiranosaurios al encaramarse en el poder destruyeron una economía pujante y bastante más desarrollada por entonces que la de la inmensa mayoría de países latinoamericanos, con la sola excepción de Argentina y México.

 

Los hechos, sin embargo, anonadan. En 1958 Cuba era segunda en América Latina en receptores de televisión por habitantes. En 1958, también, empezó a transmitir en colores, por el canal 12. Fue el primer país iberoamericano en tener televisión en blanco y negro y televisión en colores.

 

En 1958, Cuba era el tercer país de América en vehículos, con 270,000 automóviles. 5,500 guaguas (autobuses), 53,500 camiones y rastras. Tenía el primer lugar en América Latina en vías férreas.

 

Los cubanos en 1958 tenían un refrigerador por cada 18 habitantes; un teléfono residencial por cada 28 habitantes. Era el tercer consumidor de carne en América.

 

En consumo calórico Cuba era cuarta en América: Argentina, 3,300; EE.UU., 3,100; Canadá, 3050; Cuba, 2,800, por encima de México, Brasil y demás países. Hoy, 52 años después, el consumo calórico del cubano es de 1,500 promedio, 800 calorías menos.

 

Con  un dentista por cada 2,900 habitantes y un médico por cada 980 habitantes, Cuba en 1958 contaba con, en proporción, con más médicos y dentistas por habitantes que los Estados Unidos. Y no hablemos del resto de América, era segunda, después de Argentina.

 

En 1958 , Cuba tenía unas 3,600 industrias, de diversos tamaños. El salario del obrero cubano era el séptimo del mundo, de acuerdo a la OIT. Contaba con reservas en oro, dólares y valores convertibles ascendentes a US$385,6 millones. El peso cubano equivalía al dólar estadounidense.

 

El nivel de analfabetismo en Cuba en 1958 era de un 24%, similar al de Chile, y sólo por debajo de Argentina, un 8%, y Costa Rica, un 21%, según aparece en el Anuario Internacional de Educación, de la UNESCO. Es decir, tercer lugar en alfabetización en América Latina, compartido con Chile.

 

De 1923 a 1958 Cuba tuvo un crecimiento positivo del PBI. Hoy sólo supera a Haití. Ocupaba el cuarto lugar en 1958 en remuneración de obreros y empleados en relación al ingreso nacional, sólo superado por Gran Bretaña, con el 74%, Estados Unidos, con el 71.1% y Canadá, con el 68.5%. Cuba tenía el 66%. Le seguía Suiza con el 64.4%

 

El analfacastrismo, hablar sin investigar previamente, repetir la cháchara fidelista sin contrastarla con la realidad, se estrella contra estas cifras. Ese fue el país que encontró Fidel y lo que hecho polvo, rebajando al pueblo cubano a una condición de miseria espantosa e inaguantable.

 

 

EL CUADRO CLÍNICO DE LA PATOLOGÍA

 

La castroenteritis marxana tiene complicaciones graves en áreas como la integridad personal, la moral, la capacidad de pensar y discernir, la decencia, la tolerancia, el autorrespeto y el respeto al otro, la solidaridad con el oprimido y el abusado y el amor por la libertad. Por igual, se evidencian graves daños en los derechos humanos y civiles, la libertad de crear y de pensar. En todos estos renglones el daño es gravísimo.

 

La sintomatología es clara: náuseas (que suelen provocar con sus declaraciones e inconductas), diarrea verbal, incontinencia en el empleo de epítetos y descalificaciones sin ningún tipo de dato verificable, sólo repetir ab nauseam los manidos slogans que ventila la Seguridad cubana. Los que caen presa de esta patología padecen frecuentes accesos de vómito, en  que expulsan toda clase de improperios y disparates, asegurando orondos que Cuba está a milímetros de distancia del paraíso terrenal. Ya García Márquez, cuya castroenteritis es, simultáneamente crónica y aguda, llevado de seguro a una escuela Potemkin,  hizo una apología de aquellos estudiantes modelos (sin descubrir que eran esos modelos de una ficción montada para su consumo; un falso positivo para alimentar su inveterada credulidad), hizo elogios desmesurados de aquel montaje. Y los aquejados de la enfermedad que suele secar el cerebro y obnubilar la mente, regurgitan todo tipo de cuento de los que suelen tragarse.

 

Los accesos febriles abundan, sobre todo cuando sienten que les remueven los altares y ven oscilar peligrosamente a sus santos, en particular al barbudo emblema de sus adoraciones. Entonces arremeten que da gusto. Vociferan, insultan, agreden, denostan, tildan, motejan, acusan, señalan y añoran el momento en que, encaramados en un poder con el que deliran, puedan cobrarnos hasta las comas y las comillas a los que solemos decir que el rey anda desnudo.

 

De hecho, la irritabilidad de los afectados revela fuertes cólicos, una incapacidad a la disidencia y la discrepancia, una intolerancia extrema a aquella idolatría enfermiza por el manganzón que acaba con Cuba y más de 11 millones de cubanos.

 

La extrema debilidad argumental, debido a que ni se investiga, ni se pone en dudas, ni se verifica nada, tipificado como analfacastrismo, en que simplemente se repite como papagayo los viejos clichés propagandísticos que el Servicio de Inteligencia cubano hace difundir  para que aquella masa amorfa y bovina los cantaletee a diestra y siniestra, se evidencia en  rehuir cualquier constatación de hechos que abundan si uno los busca. Una foto del desastre en que Fidel convirtió La Habana, una de las ciudades latinoamericanas más bellas y emblemáticas, es contrarrestado con una foto de cualquier villa miseria, favela o rancherío. Claro, en nada saca a colación de que una es la parte principal de La Habana y otra son las periferias marginales de nuestras ciudades. Y si se ataca, entonces se recurre a la excusa por excelencia: el “bloqueo” imperialista.

 

 

EL CUENTO DEL “BLOQUEO” DEL QUINTO SOCIO COMERCIAL

 

¿Importa en algo el hecho cierto, aireado por el mismísimo Silvio Rodríguez, de que Estados Unidos es el quinto socio comercial en importancia de Cuba, a la que vende alimentos, medicina y otros insumos? Es el segundo proveedor de alimentos de la isla, sólo superado por Venezuela. ¿Saben esos los infectados de castroenteritis? No, para ellos su fantasía de “isla acosada por el imperio”, el davicito barbudo contra el Goliat de corn flakes,  es más importante que el hecho cierto de que la isla vive en parte gracias al imperio, por sus remesas y sus intercambios. Y, de hecho, los Castro se benefician más de los Estados Unidos que de estos títeres que repiten los reclamos que les mandan decir.

 

Lo que hablan del “bloqueo” persisten en ignorar que, salvo la crisis de los misiles de 1962, única vez que Cuba estuvo bloqueada navalmente por los Estados Unidos, acción que fue 100% acertada y oportuna, lo único que Cuba ha padecido es un embargo comercial parcial. ¿Pudiese haber mandado tropas a Angola, incluyendo equipos militares, y a Etiopía, como lo hizo, de haber estado “bloqueada”?

 

Castro expropió propiedades norteamericanas a partir de 1959 y no compensó a los expropiados. Se adueñó de lo ajeno. Un país que en 1958 era el mayor productor de azúcar del mundo, seguido por Brasil y México, hoy prácticamente su industria azucarera está todo destartalada, como sucedió con los ingenios estatales dominicanos. Demostración de que sólo la propiedad privada cuida la eficiencia productiva. Muchos de esos ingenios eran norteamericanos. Fidel los quebró.

 

El Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas colocó a Cuba en 1999 en penúltimo lugar en pobreza de América Latina, sólo superado por Haití. ¡Y así dicen que nos lleva “100 años de adelanto”, ofrézcome!

 

 

RASGOS ESCLAVISTAS EN LA DICTADURA MILITAR DE LOS CASTRO

 

De lo que no dicen ni ji es de la aplicación de modelos esclavistas por la dictadura militar del tándem siniestro de los Castro.

 

Hechos específicos de esclavismo, en que el Estado cubano vende a los dueños de los complejos hoteleros en dólares el trabajo asalariado de los empleados cubanos y a estos, a su vez, les paga una miseria en pesos, sin que puedan protestar (¿ante quién?), en un acto de esclavismo y explotación del hombre por el Estado en nada mortifican a nuestros castrófilos criollos. Y hay quienes, cuando se les saca en cara cómo muchas jóvenes cubanas por hambre se ven compelidas a prostituirse, declaran que estas son “profesionales universitarias”, llegando a una aberración extrema.

 

De hecho, en 1958 el número de prostitutas registradas en Cuba ascendía a poco más de 10,000 y hoy superan las 100,000 las que comercian sus encantos a los turistas y visitantes, entre ellos muchos de estos castrófilos que visitan la isla para abusar de las necesidades del pueblo cubano (y en donde son fotografiados y filmados para sacarles el expediente, si se viran).

 

Esas relaciones de esclavitud también las emplea la tiranía cubana con los servicios domésticos para los extranjeros radicados en la isla. Así, los cobra a US$200.00 y US$300.00 dólares al mes, pero sólo paga el equivalente de US$15.00 dólares al que realiza el trabajo. Si eso no es explotación de la peor calaña, ¿qué es, entonces?

 

El salario en Cuba asciende al equivalente de $15 euros al mes. Eso sería, en pesos dominicanos, ¡unos RD$795.00 pesos! Eso es apenas un 12.4% del salario mínimo de República Dominicana. Ya quisiera yo ver a estos castrófilos arreglándoselas con esa miseria de ingresos. Ahí se evidencia cuánto nos llevan por delante. Pero esos son datos, no baba. Punto.

 

El gorilismo castrista es un fracaso histórico. Y eso puso histérico a los castrófilos. Se enardecieron con Sabina. Y arremetieron contra él con los peores epítetos y descalificaciones. Emularon las efusiones logoerráticas del vejestorio que pisotea a Cuba. Y que, más temprano que tarde, será un triste capítulo de su historia, como aquí lo es Trujillo. Ambos ególatras. Ambos criminales. Ambos con claques que les aplaudían. Y ambos destinados al odio eterno de sus pueblos, a los que vejaron, oprimieron y asesinaron sin piedad.

 

Véalo en Blogger: http://elblogdeaquilesjulian.blogspot.com/2011/03/la-castroenteritis-marxana-de-ciertos.html

 

Por Aquiles Julián

 

“Mi temor es de que el libro electrónico conduzca a una cierta banalización de la literatura, como ocurrió con la TV, que es una maravillosa creación tecnológica, que, con el objetivo de llegar al mayor número de personas, banalizó sus contenidos.”

Mario Vargas Llosa

 

 

Suelo coincidir con y aplaudir la manera de pensar y actuar del premio Nobel peruano Mario Vargas Llosa. Pocas veces hemos visto un intelectual latinoamericano con tal lucidez, altura, valor y coherencia. Sólo inusuales fenómenos como Carlos Rangel, aquel extraordinario ensayista político venezolano, autor de un monumento de lucidez como lo es su ensayo Del Buen Salvaje al Buen Revolucionario, un Octavio Paz y un Jorge Luis Borges podrían parangonársele sin desdoro. Sobre todo en un subcontinente en donde nos empecinamos en no aprender de nuestros errores, más bien repetirlos en mayor cuantía; apabullamos con consignas y frases hechas para encubrir nuestra falta de razonamiento y de razones; insistimos en las fórmulas fracasadas que nos han empantanado en vez de aprender de países que hace unas décadas estaban peor que nosotros y hoy nos llevan millas de distancia en desarrollo.

 

Así, los puntos de vista y los aportes que periódicamente nos llegan de este infatigable pensador y narrador son una bocanada de racionalidad en ambientes normalmente intoxicados por el fanatismo más obtuso. Y eso se agradece.

 

Sin embargo, en tres oportunidades distintas: una charla a estudiantes en Monterrey, México, otras declaraciones mientras participaba en Porto Alegre, Brasil, en un ciclo de conferencias, y, por último, en Madrid, durante la entrega de los XIII Premios NH de relatos,  Mario Vargas Llosa comete y reitera un error. Y ese error, dado su prestigio puede inducir a equivocación a muchos que le admiran y aprecian. De ahí la pertinencia de este artículo.

 

 

CONFUNDIR EL LIBRO, UN FORMATO, CON SU SOPORTE.

 

¿Qué error en específico cometió nuestro admirado novelista y ensayista? El confundir al libro, que es un formato de organización de la información para su conservación y  transmisión organizada, con el soporte material que hasta ahora este formato había desarrollado: la impresión en papel.

 

Así, la noticia que nos llega es que Mario Vargas Llosa vaticinó que “el libro de papel no llegará a desaparecer por el interés de un público reducido y casi clandestino”. Al dirigirse a estudiantes universitarios de varias universidades en Monterrey, México, abundó: “El libro de papel no va a desaparecer enteramente, como dijo Bill Gates. Siempre habrá un sector minoritario, casi clandestino, que va a mantener el libro de papel”. Y añadió: “De esta forma cada obra literaria será más rigurosa y más profunda y atraerá vocaciones más intensas. Así que habrá una suerte de compensación frente al libro digital”.

 

Bajo sus palabras se asienta un incomprensible malentendido, una creencia inexplicable en alguien de sus luces. Incurre en un  rechazo a lo que sin dudas es un avance soberbio y positivo, a la vez que rinde culto a un formato ya obsoleto y de minorías: el libro impreso, sólo vigente porque la mayoría de la población en cualquier país no tiene tiempo, recursos o hábito para dedicarse a leer libros. Si fuese al revés, el planeta quedaría sin bosques, pues no hay tantos árboles para producir celulosa para papel.  Es un enfoque, en el fondo, absurdamente elitista, injustificable en una persona que en sus escritos y declaraciones, en más aún, con su propia vida,  ha postulado posiciones liberales y abiertas.

 

Vargas Llosa, cuya estadía en Monterrey se debió a que autoridades mexicanas le otorgaron el premio Alfonso Reyes, que antes ganaron autores como Jorge Luis Borges, Octavio Paz y Alejo Carpentier, cree que sólo merece ser llamado libro aquel contenido que se presenta impreso en papel. Cuándo sus novelas y ensayos se digitalizan y difunden electrónicamente ¿ya no son libros? ¿Qué son, entonces?

 

En otro momento, participando como expositor en el  ciclo de conferencias Fronteras del Pensamiento, en Porto Alegre, Brasil, auspiciado por la Universidad Federal de Río Grande do Sul el premio Nobel arremetió contra el libro digital descalificándolo. Así,  según reseña la prensa, expresó: “Mi temor es de que el libro electrónico conduzca a una cierta banalización de la literatura, como ocurrió con la TV, que es una maravillosa creación tecnológica, que, con el objetivo de llegar al mayor número de personas, banalizó sus contenidos”.

 

También en Madrid, en la entrega de los premios de relatos  NH volvió a lo mismo. Declaró su “desconfianza visceral a la literatura hecha y difundida por pantallas”. Expresó que: “No estoy en contra (del ‘e-book’), pero en la literatura ha traído simplificación, si se compara con el papel”. Y la reseña de prensa indica que precisó que, si bien algunas generaciones acabarán por desconocer el libro tradicional, éste existirá “para minorías” y, “al ser minoritario, quizá aumente su rigor”.

 

La repetición, en tres escenarios y países distintos, del mismo prejuicio indica que no se trató de un desliz lamentable, sino de un esquema de pensamiento arraigado en la opinión del intelectual peruano que proviene de caer en el fetichismo del soporte, morboso como cualquier fetichismo, lo que le hace incurrir en errores como los que dijo.

 

 

EL APEGO REACCIONARIO A UN SOPORTE YA OBSOLETO

 

El apego a un soporte y el miedo al cambio, el rechazo a una nueva tecnología de transmisión de contenidos, es reaccionario, apostar por el pasado y deificar la tecnología obsoleta.

 

Este tipo de reacción de miedo al cambio, de apego a las tecnologías superadas, de rechazo al progreso no es exclusivo de Mario Vargas Llosa: aquí he escuchado declaraciones no menos escandalosas por lo absurdas, incluyendo la nostalgia anticipada del “olor de los libros” (o sea que es asunto de aroma, no de información), del placer de tocarlo y voltear la página y otras necedades no menos risibles.

 

El libro es un formato de estructurar la información para su conservación y transmisión. Y ese formato, que surgió en la antigüedad, ha ido cambiando de soportes según los avances de la tecnología.

 

Todavía no he encontrado quien sienta nostalgia de las tablillas de barro de los sumerios y asirios. Tampoco de los papiros o los pergaminos. Y admito que, por igual, nadie ha expresado nostalgia de aquellas obras prodigiosas de los manuscritos de increíble belleza, hermosamente ilustrados, y hechos por diestros pendolistas y dibujantes para príncipes y reyes. Una novela extraordinaria, un thriller policial  en un ambiente medieval, especie de El Nombre de la Rosa en versión turca, del premio Nobel turco Orhan Pamuk, Me Llamo Rojo, recrea el mundo de los copistas e ilustradores que preparaban esos libros para sultanes, emires y califas.

 

Supongo que cuando Johannes Gutenberg creó la imprenta y aquellos horrendos libros impresos (en comparación con aquellas joyitas multicolores que eran los manuscritos de la época),  salieron de las prensas, sin el trazo hermoso y cuidado del pendolista, sin el colorido la tipografía, sin los oropeles y dibujos, simple tinta sobre papel sin aquellos adornos y filigranas, no pocos se escandalizaron. Y no dudo que muchos sintieron que la literatura, hasta entonces de consumo exclusivo de reducidísimas élites, únicas que sabían leer y escribir y, además, poseían suficiente dinero para producir y adquirir manuscritos y formar bibliotecas, se rebajaría cuando la plebe tuviese acceso a ella. Peor aún, se adocenaría, prostituiría y corrompería tras la búsqueda de aceptación de un público ígnaro, basto y de gustos groseros.

 

Y tuvo que haber quienes en el momento pronosticaran que los manuscritos “no morirían” porque habría una minoría que mantendría vivo el arte de aquellos estudios en que copistas, pendolistas,  ilustradores y maestros doradores ponían arte, talento y esfuerzos en producir aquellas joyas que eran los manuscritos.

 

 

EL SOPORTE ACTUAL DEL LIBRO ES PARA MINORÍAS

 

Vivimos, quién lo duda, una época bárbara en que las mayorías tienen que ocuparse casi de forma exclusiva en sobrevivir. No tienen espacio para cultivarse, pensar y elevar su nivel mental e intelectual. Y para mantenerlas sometidas, se les fomentan hábitos malsanos como el alcoholismo y las drogas, el juego y los deportes, se les secuestra su tiempo perdido en bizantinismos políticos y frivolidades faranduleras.

 

A esas mayorías se les sustituye cualquier forma de criterio propio o decisión. Sus vidas son teledirigidas vía los medios de comunicación de masas. Se les impone qué oír, qué pensar, qué hablar, adonde ir, qué hacer, cómo reaccionar, qué opinar, cómo conducirse, qué ver, etc. Y ellas viven bovinamente ajustándose al programa dado. Una masa aplastante de información condicionante les mantiene ajustadas al rol.

 

Sólo las minorías, que ya no tienen que ocuparse obsesivamente en producir con qué comer (en mi país, República Dominicana, por ejemplo, el 88% de la empleomanía no gana ni siquiera para cubrir la canasta básica de alimentos, y todo eso pese al maquillamiento de los números que es habitual acá, y estas son cifras oficiales, una de la Tesorería de la Seguridad Social y la segunda del Banco Central), pueden contar con recursos y tiempo para comprar y leer libros.

 

La sociedad industrial no requería un gran número de  cerebros pensantes sino “mano de obra”, mecanización del movimiento, repetición. La nueva sociedad del conocimiento que emerge deja esas actividades a los robots, siempre más precisos y confiables que el ser humano. Y de ahí proviene el fenómeno de las olas de despidos y la pérdida no sólo de puestos de trabajo sino la inutilización de oficios y profesiones, sustituidos por robots y softwares. Y aparecen escritores como la francesa Vivianne Forrester, la autora de “El Horror Económico” que reacciona espantada por el fenómeno, sin entenderlo siquiera. Y clama por la vuelta a la sociedad industrial, para garantizarle los empleos a la masa bovina de mano de obra.

 

La nueva sociedad que emerge demanda potenciar nuestra capacidad de aprender, desaprender, reentrenarse, discernir, crear y añadir valor, de ser empleable y competitivo. Y ello implica un mayor acceso a,  y un mejor procesamiento de,  la información.

 

No hemos inventado un formato mejor que el libro para estructurar, conservar y transmitir información. La sociedad del conocimiento requiere una masificación, una democratización, del libro y un mayor ejercicio de la capacidad lectora. Demanda más personas formándose, puliéndose, incrementado su saber, reentrenándose, ampliando sus conocimientos. Más personas con habilidades de pensar, crear, discernir, criticar, evaluar, cooperar, aportar. Esa es la realidad en que más y más entramos. Y es la que originó el libro electrónico, la digitalización.

 

 

¿AFECTA EL SOPORTE A LA CALIDAD DEL CONTENIDO?

 

El error de nuestro queridísimo y admirado premio Nobel, al confundir un formato con un soporte, puede inducir a confusión a no pocos de sus lectores, en los que goza, como es mi caso,  de amplia credibilidad.

 

Lo cierto es que un soporte en nada afecta al formato ni al contenido, así que no hay manera de que el soporte “banalice” el contenido, que lo haga decadente o creativamente pobre. Siempre han existido y seguirán existiendo contenidos banales, frívolos, de mal gusto, pastiches creativos. Eso tiene que ver con el talento, las autoexigencias del escritor, sus estándares, cultura, propósitos, intereses, etc. La literatura siempre ha subsistido junto a una subliteratura, a una seudoliteratura adocenada, rebajada al gusto poco exigente de una mayoría que no aspira a más, que se contenta con aquello. La novela abarca obras como La Muerte de Virgilio, de Hermann Broch, el Ulises, de Joyce y La Casa Verde, del mismo Vargas Llosa, junto a piezas de menor nivel (el mismo Vargas Llosa es autor de divertimientos que no representan lo mejor de su talento y su producción, muchas veces como consecuencia de presiones y compromisos editoriales), y a una producción de literatura de entretenimiento como las novelas policiales, románticas, de terror, de espionaje, de ciencia-ficción, literatura de género. Y que en sus aspectos más pedestres se rebaja a las noveluchas de Corín Tellado y Marcial Lafuente Estefanía.

 

Tengo en mi lector digital, un Kindle, ediciones digitales de La Montaña Mágica, de Thomas Mann, Macunaíma de Mario de Andrade, Rayuela, de Julio Cortázar, Gran Sertón Veredas, de Joao Guimaraes Rosa, Los Pasos Perdidos, de Carpentier, etc. ¿Me podría decir mi admirado Vargas Llosa en qué se hacen “banales, decadentes y pobres creativamente” esas obras literarias por el hecho de que su soporte ahora no sea el libro impreso sino el libro electrónico? ¿En qué se merman?

 

Lo cierto es que el libro digital representa un gran logro para la humanidad, pues mientras el libro impreso es más costoso, difícil y trabajoso de difundir, y se “descataloga” con mucha facilidad, el libro digital es mucho menos costoso, fácil de difundir y puede mantenerse vigente indefinidamente, todo lo cual es de tremenda importancia.

 

Es cierto que la emergencia del nuevo soporte está afectando a las editoriales tradicionales que comercian el libro en papel. Y que, como me dijo el escritor dominicano e impresor Denis Mota, medio en serio medio en sorna, “yo lo que quiero es que los impresores se mueran de hambre”, cuando le hablé sobre mis colecciones de libros digitales.

 

En el mercado tradicional del libro editar un libro es casi prohibitivo por sus costos. Y difundirlo, más aún. En mi país, República Dominicana, en que no existen editores, sino imprentas (no importa que algunas imprentas pomposamente se autocalifiquen de “editoras”, al igual que algunos colmados o tiendas de abarrotes se llamen a sí mismas “supermercados” pequeños), los autores autofinancian sus obras, normalmente ediciones de 1,000 ejemplares de penosa venta, sobre todo, salvo casos en que el morbo juega un papel. Siempre me ha sorprendido el empecinamiento en publicar de los poetas, cuentistas y novelistas dominicanos en una comunidad reacia a estas manifestaciones, donde las mayorías no ganan ni siquiera para comer decentemente, empezando por los propios escritores que no suelen leer ni apreciar a sus colegas.

 

La edición digital, algo que se puede aprender a hacer con facilidad y cuyos medios están disponibles gratuitamente, hace que editar un libro esté asequible a cualquier persona que sepa digitar y manejar los rudimentos de un equipo: un programa como MSWord, ideas mínimas de diseño, manejo de imágenes vía Google, un programa de editar en PDF como el PDF Creator, que se obtiene de forma gratuita, y un poco de trabajo y buen gusto.

 

Y al colocar en línea los libros, aprovechando páginas como www.scribd.com, http://issuu.com y otras en que se pueden subir o colgar los libros digitales, ir construyendo espacios vía los cuales difundir los textos, o remitirlos, como suelo hacerlo, vía la Internet a escritores, lectores y amigos en diversos países.

 

Entiendo que el nuevo soporte irrite y perjudique a los editores tradicionales y al mercado del libro como lo conocemos. Es una industria costosa, reservada a minorías, en que las ediciones se agotan y se descatalogan. Es un lujo reservado a quienes pueden pagar por adquirir sus productos. El libro como objeto para minorías ha entrado en crisis. Miles y decenas de miles de libros han sido digitalizados y circulan libremente por la Internet. ¿Los hace el circular por un medio digital menos profundos, creativos o densos? Evidentemente que no. Un soporte en nada afecta la calidad intrínseca del libro, como formato, simplemente facilita o dificulta, abarata o encarece, masifica o limita, su producción y difusión. Y en este sentido el soporte digital facilita, abarata y masifica la producción y difusión del libro.

 

 

NI EL FORMATO NI EL SOPORTE AFECTAN AL CONTENIDO

 

El contenido es asunto del autor. No tiene que ver con el soporte. Podríamos decir, lo acepto, que el abaratamiento de la edición y publicación, la facilidad que permite ahora a cualquier persona con mínimas habilidades y conocimientos transformarse en un editor digital o autoeditar sus textos, la oportunidad que brinda de que los libros sean divulgados y hechos llegar a más lugares, puede significar que los autores menos dotados, de calidad más precaria o cuestionables, podrán ahora trascender el limitado ámbito de sus publicaciones autofinanciadas de 1,000 ejemplares que no se vendían, para hacer llegar sus bodrios a más personas vía la Internet. Es verdad. También lo es que posiblemente tampoco conciten el interés y la atención de muchos lectores, por los que les sucederá a esos autores que, a mayor divulgación, mayor descrédito. Hay que ganarse el derecho a ser leído.

 

Un aspecto que se transparenta en las declaraciones de nuestro admirado novelista es que teme que el nuevo soporte conlleve el interés en halagar y amoldarse a la masa; se busque una popularización (masificación, más bien) a costa de valores y estándares de mayor calidad, refinación y aporte. Que se rebaje el nivel para agasajar a la plebe. El concepto tiene un cierto elitismo implícito pero también se entiende. Ahora bien, ese riesgo siempre ha sido consustancial al trabajo artístico. El arte se hace repetitivo, cae en fórmulas y termina en artesanía y/o kitsch. Se termina en una literatura farandulera, light, sin peso ni sustancia, amiga del aplauso fácil.

 

No se necesita un cambio de soporte para verificar que este tipo de seudo literatura existe y cuenta con una tradición de larga data. Y que la existencia de esa seudoliteratura que cuenta con un público que busca distraerse, matar el tiempo, sin mayores complicaciones: una suerte de adquirir una o unas emoción(es) por un costo X sin mayores complicaciones o expectativas, se remonta a los comienzos de la civilización y la cultura: siempre ha existido, y nunca ha sido obstáculo para que paralelamente emerjan escuelas, movimientos, autores y obras de relevancia y valor, que marcan a una época, impactan a la sociedad, cambian vidas y trastornan la existencia de la humanidad llevándola a un nuevo nivel de desarrollo espiritual.

 

Escribir a mano, escribir en maquinilla o escribir en un teclado de una PC no hace más profundo o menos profundo, de mayor calidad o de menor, más relevante o trascendente o menos, el texto escrito. De hecho, los medios cibernéticos: la computadora, el software, etc., son facilitadores del talento. Para los que vivimos en la prehistoria del corrector líquido y el papel carbón, una tecnología que nos liberó de esas tecnologías precibernéticas en nada puede ser acusada de nada malo, muy por el contrario.

 

Y aunque una de las notas noticiosas destaca que nuestro admirado autor declaró que tenía “una desconfianza visceral a la literatura hecha y difundida por pantallas”, lo cierto es que hablar de literatura hecha y difundida por pantallas es una expresión ligera e impropia. La literatura es hecha por el talento de un autor. Su calidad no depende del soporte elegido. No puede nuestro premio Nobel 2010 de Literatura decir que el escribir a mano o en maquinilla es más creativo, poético, rico en imaginación y elegancia verbal, novedoso, trascendente y enriquecedor que el hacerlo mediante el teclado de una PC.

 

Si la literatura nos llega para ser leída en una pantalla, que puede ser la de la PC, o la de la laptop, o la del artilugio de ciberlectura como un Kindle de Amazón, en nada la desmerita con respecto a aquella que nos llega impresa en papel. No es más light, más decadente, más frívola, más inocua, más irrelevante o intrascendente que aquella que aparece editada en un libro físico. Eso es un fetichismo del soporte, algo que sorprende en una mente tan lúcida e inquisitiva, en un cerebro tan bien amoblado como el de Mario Vargas Llosa.

 

De hecho, tengo muchos de sus libros en formato digital. ¿Son ahora La Guerra del Fin del Mundo, La Ciudad y los Perros, La Casa Verde o Conversaciones en la Catedral, sólo para mencionar las que creo sus mejores novelas,  menos creativas, intensas, hermosas, impresionantes o significativas que las mismas novelas en sus ediciones de papel? El mismísimo Vargas Llosa sabe que no.

 

Un dispositivo como el Kindle, por ejemplo, me permite tener disponible alrededor de 600 libros digitales. ¿Qué estén contenidos en el Kindle en qué le resta? ¡En nada! Es claro que en vez de un juicio, nuestro admirado novelista incurrió en un prejuicio.

 

Como vemos, Mario Vargas Llosa está muy equivocado al caer en el fetichismo del soporte. No se escriben e-books, se escriben libros, y luego se escoge un soporte para su difusión. Si el libro está bien escrito o mal escrito, si es original o apenas un pastiche, si aporta o repite, si tiene calidad o es un tollo, todo eso tiene que ver con el escritor, su talento, su rigurosidad, sus estándares, su capacidad de trabajar y pulir su texto, y no con el soporte elegido. Quiera Dios que reflexione sobre los dislates expresados y los corrija. No espero menos de su inteligencia. Y de su valor.

 

Véalo en Blogger: http://elblogdeaquilesjulian.blogspot.com/2011/03/el-error-de-mario-vargas-llosa.html

 

 

 

Por Aquiles Julián

 

 

Si se nos dio la palabra es para usarla. Y si la usamos, es conveniente hacerlo con altura, con dignidad, con honestidad y con valor. No palabra que engañe, sino que aclare. No palabra que rehuya, sino que encare. No palabra envilecida, sino palabra con honor.

 

La literatura, oficio al que he dedicado mi vida, significó siempre un trato asiduo con las palabras. Y muchos de los momentos más felices y plenos de mi vida están unidos a ellas. Por eso me gusta darlas, porque he recibido mucho y me encanta compartir la dicha alcanzada.

 

Suelo escribir desde la admiración. Y cada uno de los ensayos recogidos en este libro es una expresión de gratitud por el gozo recibido. Y de amor compasivo frente a las debilidades y falencias humanas en que los escritores, seres frágiles, muchas veces egocéntricos, excéntricos e ilusos, incurren. Lo sé por experiencia propia.

 

Ocuparse de las palabras en un país semianalfabeto, donde los niveles de conciencia son elementales: pura sobrevivencia, satisfacción de necesidades primarias, ostentación ridícula, aturdimiento vía el alcohol y escasa preocupación por cultivar la mente y el espíritu, es de por sí tarea ingrata. Los niveles de primitivismo en que nos desenvolvemos son pasmosos. El analfabetismo funcional campea por sus fueros. La incapacidad de pensar y discernir espanta. Las conductas groseras revelan la involución en las buenas maneras, la entronización del patán como modelo social. La impunidad, el irrespeto, la permisividad, el descaro son los valores pregonados desde arriba, desde aquellos que se supone nos lideran y nos deberían servir de modelos.

 

En ese cuadro deprimente escribir se convierte en un oficio irrisorio. Se escribe para no ser leído. Se escribe para no ser justipreciado, discutido, refutado o convalidado. Se escribe para ser ignorado. Se escribe para nada.

 

Y sin embargo, ¿podemos no escribir? En mi caso es imposible. La única opción a no hacerlo es explotar. Entonces, escribir es una especie de terapia, una cuerda que lanzamos al vacío con la secreta esperanza de que encuentre quien la tome en el otro extremo y se genere el acto de comunicación.

 

He escrito más de una vez que el mayor elogio que se puede hacer de un escritor es leerlo. Se escribe para ser leído. Tal vez es pretencioso que en una pequeña comunidad pobre, en que la necesidad de comer domina a la mayoría que no es capaz de obtener un salario que le permita vivir dignamente (la Tesorería de la Seguridad Social, quizás la única institución del Estado cuyas estadísticas merezcan algún nivel de credibilidad, publicó recientemente que el 88% de los trabajadores asalariados no recibían un ingreso que le cubriera la canasta básica. Ni siquiera para comer dan los salarios), las personas ocupen tiempo en leer.

 

Si el salario no da para cubrir la canasta básica ¿cómo podrían las personas adquirir libros? Y en un país donde en los hogares más acomodados, en que todos los lujos esplenden para deslumbrar a amigos y conocidos, usted nunca encuentra una biblioteca entre los bienes que se ostentan bibliotecas personales, tampoco la lectura es tenida como un valor relevante.

 

No importa. Reúno estos ensayos y con ellos inicio una nueva aventura editorial digital: lectofilia digital.

 

Al comentar un libro, un autor, reflexiono sobre mí y sobre mi realidad. Ellos sirven como puntos de referencia con los que contrastar mis propias experiencias. Ellos me permiten entender mi realidad y entenderme. Son un medio de aclarar temas importantes en mi existencia.

 

De ahí que cada uno de ellos haya aportado a mi vida, la haya enriquecido. Y espero que la gratitud que les debo humedezca mis palabras, para que no sean frases secas o con pretensiones de erudición, sino, por el contrario, palabras cálidas de afecto y reconocimiento, de cariño y humildad agradecida, a autores y libros que me han ampliado, han extendido mi visión y fertilizado mi mente, me han enriquecido más allá de toda medida. Y han dado a mi vida momentos gratísimos, mismos que quiero animarte a vivir con estas páginas.

 

Véalo en Blogger: http://elblogdeaquilesjulian.blogspot.com/2011/03/palabra-dada-ensayos-por-aquiles-julian.html

 

Por Aquiles Julián

 

“Es un honor para el rey gobernar sobre muchos,

y una ruina gobernar sobre pocos”.

Proverbios 14,28 (NVI)

 

 

Dío Astacio, pastor, motivador, conferencista y autor de libros de crecimiento personal, es una persona de gran relevancia en la vida mía y en la de mi esposa. Somos amigos y hermanos en la fe cristiana de Dío y Evelyn, su maravillosa pareja. Y he compartido con él también la pasión por impactar vidas y contribuir a elevar el nivel profesional y humano de las personas, a través del entrenamiento y la capacitación. Ahora Dío Astacio nos premia y enriquece con este nuevo libro cargado de inspiración, enseñanzas y guías: Las 7 Cicatrices del Líder.

 

Cuando Dío Astacio escribió su primer libro, Éxito Integral, Las 8 Leyes Ocultas,  que logró una difusión sorprendentemente alta en un país muy poco dado a la lectura como el nuestro, tuve el privilegio de contribuir en la corrección de estilo del mismo y quedé gratamente impresionado por su exposición. Aquellas ocho leyes ocultas del éxito resumían una sapiencia y una pertinencia singulares.  Y, de hecho, el libro fue aceptado, promovido y apreciado por líderes como Theo y Maribel Galán, diamantes ejecutivos de AMWAY, la corporación creadora del modelo de network marketing, que dirigen una extensa organización de mercadotecnia de red, al igual que por otros líderes de esa y otras organizaciones de venta directa. Dío fue orador invitado en varias convenciones de EFinity, la primera institución de capacitación acreditada por AMWAY,  tanto a nivel nacional como internacional.

 

Cito ese hecho porque EFinity entrena y capacita a emprendedores que construyen redes de distribución de bienes y servicios y estos tienen que pulir sus habilidades de liderazgo, inteligencia emocional, comunicación y trabajo en equipo, pues dichas competencias son fundamentales para tener un éxito significativo en ese modelo de negocio. La experiencia de liderazgo en el campo que desarrollan los constructores de redes de marketing les hace tener una base sólida para juzgar la validez o no de cualquier información sobre liderazgo que reciban. Entrenar líderes, que dirigen organizaciones de cientos, miles y decenas de miles de personas es un honor que normalmente se reserva a personalidades como John C. Maxwell, sin dudas la mayor autoridad mundial en liderazgo vida, Robert Kiyosaki,  Brian Tracy y autores de esa envergadura. Y a esas alturas remontó con singular éxito Dío Astacio desde su primer libro.

 

 

CÓMO SE CONSTRUYE EL LIDERAZGO

 

Este segundo aporte, Las 7 Cicatrices del Liderazgo, del cual me concedió el altísimo honor de hacerle la presentación en público el día de su lanzamiento, reedita con amplio éxito el logro alcanzado con su primer libro. Se trata de un aporte a la construcción del carácter del líder, señalándole siete áreas de prueba que tendrá que superar para consolidar un nivel de liderazgo trascendente.

 

El liderazgo se construye ganando influencia, respeto, aprecio y e identificación con las personas que se agrupan alrededor de quien ejerce el papel o rol de líder. No es impuesto. No se da por decreto. No es un título o un puesto. No figura en un organigrama corporativo. Es una relación que se gana con el tiempo, y en su corazón están la integridad percibida, los valores y la visión compartidos y el servicio que presta el líder a sus colaboradores.

 

La integridad percibida, la congruencia entre lo que el líder predica y lo que el líder hace, es la base de la confianza. Los valores y la visión fundamentan igualmente la credibilidad en el líder y la fe en hacia dónde nos conduce, y también en su habilidad para llevarnos allí a buen término. El servicio que el líder proporciona genera reciprocidad, interés personal en contribuir. Esa confianza, esa credibilidad, esa fe y esa reciprocidad son claves en la construcción de un liderazgo eficiente y eficaz.

 

Como aprendiz, lector insaciable y practicante de relaciones de liderazgo, he quedado gratamente sorprendido por estas 7 Cicatrices, aunque admito que inicialmente me chocó el título por lo crudo del mismo. Una cicatriz, por otro lado, indica un proceso que ya sanó. El tejido conjuntivo cerró la herida abierta y la selló. Simplemente recuerda un suceso traumático superado. En el caso de estas siete áreas de crecimiento en el carácter del líder, las cicatrices señalan que el líder afirmó su carácter al superar las pruebas a las que las circunstancias le sometieron.

 

 

LAS 4 PRIMERAS CICATRICES

 

¿Cuáles son estas cicatrices y por qué ellas tienen que ver con el carácter del líder? La primera es la cicatriz del perdón. En toda relación se producen situaciones que entrañan algún tipo de injusticia, incomprensión, maltrato, abuso o desconsideración hacia quien ejerce el papel de líder por parte de uno de sus colaboradores. Si quien ejerce el rol de líder carga animosidades, rencores, intenciones de venganza, eso nublará no sólo la relación con la persona en específico que produjo la herida, sino con otros colaboradores que se mirarán en aquel espejo y sentirán que lo mismo les podría suceder a ellos.

 

La generosidad en perdonar es clave en la construcción de un liderazgo genuino, sano y creciente.

 

La segunda cicatriz tiene que ver con el valor. El atreverse, el actuar con determinación, el arriesgarse, son cualidades de indudable importancia. Nadie se siente a gusto en seguir a una persona dubitativa, irresoluta, cobarde. Y si bien tampoco apreciamos la temeridad irresponsable, queremos sentir que quien nos guía toma decisiones y encara con intrepidez las tareas que se derivan de ellas.

 

La tercera cicatriz que trata Dío Astacio en su libro es la de la paciencia. John C. Maxwell, que al igual que Dío Astacio es pastor y desarrolló su liderazgo en congregaciones cristianas, tiene un libro fundamental en liderazgo: Las 21 Leyes Irrefutables del Liderazgo. Una de esas leyes fundamentales es la Ley del Proceso: todo logro toma un tiempo y un esfuerzo.  Nada significativo se construye de la noche a la mañana. La premura es mala consejera. Antes de crecer hacia arriba, las plantas primero crecen hacia abajo: un crecimiento que nadie ve, pero es el que sostiene al pequeño brote en su ascensión.

 

La paciencia, lógicamente, no es inacción; por el contrario, es perseverante constancia, acción consistente. Theo Galán, mi mentor, suele enfatizar la importancia de la acción continua, de la permanencia en el trabajo que es garantía de éxito.

 

La cuarta cicatriz es la de la oración. En los momentos de incertidumbre, ante las situaciones inesperadas, cuando nuestras expectativas son desmanteladas por sucesos que las echan por el suelo, cuando las cosas parecen no suceder en nuestro favor, la fe es el único baluarte que nos permite sobrepasar el mal momento. Orar, claro, no sólo es sano en momentos de aflicción o contratiempos, por el contrario, el Libro Sabio nos recomienda poner en manos de Dios todos nuestros planes, ya que si Dios no edifica la casa, en vano se afanan los edificadores. Todo líder íntegro es, simultáneamente, una persona de profunda fe. El liderazgo es una responsabilidad inmensa, pues las expectativas y la suerte de muchos dependen de nuestra correcta conducción. Y necesitamos iluminación de lo alto para acometer tal tarea con éxito. Como bien reza Proverbios 16,1: “La gente hace planes, pero sólo el Señor puede hacerlos realidad”.

 

 

 

LAS 3 SIGUIENTES CICATRICES

 

La quinta cicatriz que trata el autor es la de la justicia. Y eso implica equidad, equilibrio, discernimiento y compasión. No son una ni dos las situaciones en que un sentido de justicia equilibrado y compasivo serán útiles. Y en que también cometeremos errores por exceso o por defecto.  El manejo de organizaciones y de personas, que implica intereses, puntos de vista, percepciones y expectativas contrapuestos y en no pocas ocasiones contradictorios, pondrá a prueba nuestro sentido de justicia y equilibrio más de una vez. Sume a estos afectos, tendencias, proclividades e inclinaciones naturales, junto a nuestra igual parcialidad y limitaciones en información, etc. Mantener la ecuanimidad, el apego a los hechos, la generosidad, el desprendimiento, la búsqueda de consenso, la propensión a ceder para alcanzar la mayor unidad de criterio, etc., más que imponer y abusar del poder otorgado es un rasgo que define al líder maduro del que todavía está crudo para responsabilidades y tareas de mayor envergadura.

 

Luego está la sexta cicatriz, la cicatriz del silencio. Tal vez la mayor prueba de autocontrol estribe en saber callar cuando todo impulsa a hablar. El silencio implica en el liderazgo muchos aspectos: la discreción frente a la confidencia, el tacto, el autocontrol frente al ataque injusto o desproporcionado; el manejo prudente de la información. Las palabras hieren más que las agresiones físicas, porque hieren en el corazón. Las heridas emocionales son más difíciles de restañar. El perdón y el silencio son las dos cualidades más difíciles de desarrollar. A cada instante podemos estar tentados a ripostar, a zaherir, a humillar, a maltratar, a “poner en su puesto”, a lacerar una relación. Se espera del líder ecuanimidad, capacidad de aguante, temperancia.

 

De hecho, a no pocos líderes les hundió su explosividad, la facilidad con que respondían a las provocaciones. Perdieron la confianza de gente que temía que tomaran decisiones temperamentales basadas en sus estados de ánimo y sus fluctuaciones temperamentales. Dos ejemplos de ello son Juan Bosch, brillante escritor y político de honestidad sobresaliente; y José Francisco Peña Gómez, fogoso orador y líder de masas. Ambos se enajenaron simpatías por la facilidad con las que cedían ante provocaciones y explotaban en público. Muchos temieron las consecuencias de esa deficiencia de carácter en el ejercicio del poder.

 

La séptima cicatriz que el autor trata es la cicatriz de la humillación. Y como Dío Astacio nos muestra en su libro, aquella trasciende a la humildad. Implica domesticar el ego y someterlo. Ir más allá. Se trata de un acto supremo de valor sobre uno mismo.  Las trampas del ego, la humildad de fachada, el compromiso con nuestra autoimagen, pueden llevarnos a conductas erróneas. Humillarse, aceptar el error, pedir perdón, ceder y buscar el consenso, excusarse aún cuando el error sea ajeno, muestra grandeza de corazón y respeto.

 

 

LA CONSTRUCCIÓN DEL CARÁCTER DEL LÍDER

 

Como vemos, todos son rasgos de carácter que van a separar un liderazgo eficiente y eficaz, trascendente, de un liderazgo temporal y limitado. Un líder siempre se expone al juicio de los demás, y en la medida en que su liderazgo se acrecienta, vive en una casa de cristal donde todos se sienten en derecho de opinar y juzgar sobre su vida. Y aquello que se le tolera y acepta a cualquier otra persona en un líder puede aparecer como una mancha intolerable. Es el precio que el líder paga por la influencia y confianza de que goza. Todo el mundo quiere sentirse guiado por alguien de superior calidad a sí mismo.  Usted y yo queremos sentir que el conductor del vehículo en que vamos tiene  niveles de destreza, prudencia, sentido común, experiencia y autocontrol superiores a los de uno mismo, pues estamos confiando a él nuestra vida e integridad personales.

 

Hay muchos libros que tratan las habilidades y destrezas del liderazgo. Y hay una necesidad continua de líderes en la sociedad. De hecho, la decadencia de la calidad de liderazgo es algo que nos agobia. Necesitamos líderes fuertes, confiables y capacitados para llevarnos a un futuro mejor.

 

John C. Maxwell en el libro de Las 21 Leyes que citamos, señala una que es la Ley del Tope: usted no va a llegar más allá de su nivel mental de liderazgo. Nuestro tope mental puede ser más alto o más bajo. Ahora bien, todos tenemos un tope. Nuestra tarea es elevar nuestro tope para no torpedearnos nosotros mismos y ser nuestro propio obstáculo, como aquel verso de un poeta persa que dice: “Eres tu principal barrera; salta sobre ti mismo”.

 

Leer, aprender y ampliar nuestra cultura de liderazgo es fundamental. De hecho, es una materia que debe impartirse en todas las escuelas y en todas las universidades. Como seres sociales, precisamos de líderes con formación apropiada. Cuando la sociedad carece de buenos líderes y de una cultura de liderazgo sana, entonces favorece la aparición de líderes inapropiados, dañinos, con las fatales consecuencias que se derivan de un mal liderazgo.

 

Y lo más importante de un líder siempre será su carácter, pues de él se derivan sus valores, su visión, su ética y su integridad. Eso es lo que hace que este nuevo libro de Dío Astacio, Las 7 Cicatrices del Líder tenga tanta importancia para nuestro país, nuestra región y nuestra humanidad.

 

 

LA MAYOR PRUEBA DE LIDERAZGO: DIRIGIR LÍDERES

 

Dío Astacio lidera una congregación cristiana a la que mi esposa y yo pertenecemos. Y en ella pastorea a dirigentes  políticos y empresariales como Elías y Lourdes Serulle, él diputado y empresario tradicional, y ambos zafiros de AMWAY, con una organización de pujante crecimiento. Liderar líderes es una prueba superior, pues como John C. Maxwell enseña en su manual Desarrolle a los Líderes Alrededor de Usted, el líder por naturaleza es independiente, tiende a asumir la dirección y posee criterio propio.

 

En ese contexto, las siete áreas de crecimiento interno que Dío Astacio describe en su obra cobran importancia capital. Nada más difícil de dirigir que un líder. No hay reto mayor que ser líder de líderes.

 

¿Para quién es importante este libro? Para todos. Todos estamos llamados a liderar a otros: nuestra familia, nuestros amigos, nuestros colaboradores. Todos ejercemos influencia, positiva o negativa. Pulir y afirmar nuestras capacidades y destrezas de liderazgo es vital para alcanzar logros significativos en nuestras vidas. Todos somos líderes en algún aspecto de nuestras vidas.

 

Y, en consecuencia, todos necesitamos construir en nosotros esas siete áreas de experiencia de liderazgo, esas siete cicatrices. El perdón, que comienza por el perdón a nosotros mismos, el deshacernos de cargas (rencores, victimismo, viejas ofensas), que lastran nuestro presente. El valor para encarar los desafíos del presente. La paciencia para aguardar que los procesos se verifiquen, teniendo fe en los resultados. La oración para obtener fuerza de lo alto, cuando nos sentimos desmayar. La justicia para actuar con equilibrio y compasión. El silencio para callar y refrenar nuestra tendencia a herir. Y la humillación para no dejar que el ego nos controle.

 

En el hogar, en el sector de residencia, en el trabajo, en el grupo social con el que se interactúa, en las relaciones profesionales, políticas, etc., en las relaciones de uno consigo mismo, esas 7 áreas de crecimiento del carácter tienen un papel cardinal para una vida de logros positivos.

 

Este libro es un libro, que digitalmente puede obtenerse en el enlace: http://libreriabendicion.com/tienda/product_info.php?products_id=86,  sin dudas destinado a cumplir un papel importante como alimento espiritual de personas que ejercen posiciones de liderazgo o que están en camino a ello. Es un libro de cabecera al cual volver una y otra vez a buscar guía y consejo. Su apoyo en la Biblia, el manual de liderazgo por excelencia, con sus cientos de historias y recomendaciones, también es otro acierto del autor. Abrevemos en sus páginas y nutrámonos para que las heridas restañen rápido y las siete cicatrices maduren nuestro rol de líderes.

 

Véalo en Blogger: http://elblogdeaquilesjulian.blogspot.com/2011/03/las-7-cicatrices-del-lider-de-dio.html

 

Por Aquiles Julián

 

“Si el espíritu ha triunfado, en nuestra América, sobre la barbarie interior, no cabe temer que lo rinda la barbarie de afuera. No nos deslumbre el poder ajeno: el poder es siempre efímero. Ensanchemos el campo espiritual: demos el alfabeto a todos los hombres; demos a cada uno de los instrumentos mejores para trabajar en bien de todos; esforcémonos por acercarnos a la justicia social y a la libertad verdadera; avancemos, en fin, hacia nuestra utopía.”

Pedro Henríquez Ureña

 

Nuestra ignorancia nos mantiene repitiendo los mismos nombres, tapiada la santa curiosidad, el sano interés, en asomarnos a las planicies, selvas, hondonadas, montañas y valles de cualquier literatura nacional vecina. No sólo las altas crestas, también están otros componentes del paisaje sin los que aquellas no serían ni explicables ni justificables.

 

Alguien me hizo la anécdota de un bien pensante que dijo que él creía en la unidad latinoamericana hasta que viajó por varios de nuestros  países y constató los profundos odios y animadversiones que separaban a cada país de sus vecinos, y a veces a una región de la otra en el mismo país. Y todo para vergüenza nuestra. Motes, epítetos, descalificaciones, odios innecesarios, inútiles, suicidas. El espejo de los demás nos refleja y no nos gusta lo que vemos. Y disgustados por el mensaje, matamos al mensajero.

 

Y sin embargo,… En cada latitud hay tesoros aguardando. Un cambio en la actitud,  y el asombro nos invade. Es increíble cuánto nos ignoramos, cuánto nos desconocemos, cuánto perdemos por no aceptarnos y valorarnos.

 

Debo mucho a la amistad y a la generosidad de escritores amigos, y destaco hoy a uno en particular, Fernando Ruiz Granados, de México.  Es un apasionado poeta y promotor cultural, en ambos renglones grande y generoso. Y de él me llega el aporte de este libro del poeta mexicano Héctor Carreto.

 

A Fernando lo conocí vía ese surtidor esplendoroso de poesía y amistad que es nuestro Alexis Gómez Rosa, voz mayor de la poesía dominicana y latinoamericana. Y con él he mantenido en estos años en que Muestrario de Poesía ha ido engrosando su nómina de poetas publicados digitalmente y compartidos gratuitamente con lectores de los cinco continentes, una fructífera colaboración.

 

Héctor Carreto es mi contemporáneo. Nació en 1953. Y es autor de una poesía  rica en resonancias, que se apoya en el andamiaje de una cultura, la helénica-románica, o greco-romana, misma que compartimos todos los pueblos de origen latino. Apoyándose en ese sustrato cultural, al igual que en el judeo-cristiano, como referencias y también como máscaras que generan un distanciamiento propicio, el poeta canta su realidad, como siempre es el caso. Y lo hace con, talento,  picardía y humor sobresalientes.

 

Humor desacralizante, como el de esa Venus cuyo sexo “huele a sardina”. Poesía que anula banderas, lenguas y tiempos para instalar una bandera única: la cultura; una lengua única: la poesía; un tiempo único: el tiempo del poema, intemporal.

 

Los conflictos y tragedias, los dramas que los poemas aluden, son, bajo la máscaras del tiempo, los mismos de siempre. Y el poeta los registra, goloso. Viajamos en sus poemas por esa ilusión que es el tiempo. El poeta nos recuerda que nada es perenne, pero que la poesía permanece.

 

Es una poesía que ríe, que en ocasiona burbujea en el sarcasmo, que parodia, que ironiza y que, sin cesar, desacraliza. Nos invita a una visión desangelada y, a la vez, piadosa, compasiva, de las tribulaciones humanas. En cierto sentido propone una constatación de la verdad expresa en el Esclesiastés, en que Salomón, poeta al igual que su padre David, dice que “no hay nada nuevo bajo el sol” y que todo es “Vanidad de vanidades”. Y sin embargo,…

 

Nunca mejor la frivolidad que en ese cambio de referentes de su poema “Vanidad de vanidades” en que tendremos periódicamente que sustituir a las divas del momento para que no envejezca,  pues el poema permanece más que la nombradía y la belleza de aquellas.

 

Poesía disfrutable como la que más, nos convida y convoca desde la inteligencia y desde el corazón. Y en no pocos momentos alcanza en mí la gracia de la lograda alegoría de su poema “La Cierva”, ejemplar, en que esa dama elusiva que es la poesía no deja de retarnos, ilesa, “inténtalo de nuevo”.

 

Catulo y Marcial, la sátira y el epigrama, respiran en sus versos (¡cómo hubiera disfrutado estos versos nuestro Antonio Fernández Spencer!). Y bajo el ropaje greco-latino, que les sirven como máscara que distancia, una mirada irreverente al mundo cotidiano, un diálogo con la vida, un retrato del burócrata de clase media hundido en sus minúsculos afanes de cada día, en esa vida nimia e inútil que le consume la existencia. Un retrato del colapso de los sueños y la adecuación a la medianía, un dejar la existencia en rutinas aplanadoras.

 

Ya nuestros nombres, Héctor y Aquiles, se habían encontrado antes, mucho antes de que fuesen posibles nuestras existencias. Ellos provienen de un poema fundacional. Allí contendimos. Aquí colaboramos. ¿No es esto acaso un símbolo?

 

Este poemario de Héctor Carreto, el número 67 de este Muestrario de Poesía se suma con fortuna y mérito a otros dedicados a la poesía mexicana contemporánea, como el No. 28, La lengua de las cosas y otros poemas, de José Emilio Pacheco; el 50, Jardín de Piedra, de Fernando Ruiz Granados; el 59, Elevación de los elementos, de David Huerta; y el 61, Voluntad de luz, de Luis Armenta Malpica. Un rico ejemplo de la fuerza y maestría de la poesía mexicana contemporánea.

 

Nuestro Pedro Henríquez Ureña, a quien México acogió, donde se casó e hizo grandísimas amistades,  habló en una conferencia de La Utopía de América. Y en particular América Latina sigue siendo eso aún: una utopía, un posible que no termina por enrumbarse, concretarse, materializarse. Seguimos de espaldas unos a otros, ventilando viejas inquinas, aireando las mismas maledicencias, los mismos rencores. Y hasta que esa maldad apasionada no sea sustituida por la aceptación, el respeto, el perdón, la humildad, el servicio y la tolerancia, mientras la pasión nos obnubile y ciegue y lo peor de cada comunidad sea lo que esté al mando, nos estaremos empobreciendo ridículamente y sólo veremos la calidad del vecino cuando en Europa y/o Norteamérica la reconozcan.

 

Cuando leí las páginas que Borges y, sobre todo, Ernesto Sábato dedicaron a Pedro Henríquez Ureña. El reconocimiento que dieron a su calidad humana, intelectual. Cómo enrostraron a sus propias comunidades la cegatería con que lo acogieron, la discriminación de que fue víctima, lo miserable que se mostraron ante el maestro indiscutible, cómo no lo aprovecharon, como tampoco lo hicimos los dominicanos empecinados, como estuvimos, en prosternarnos al tirano y cubrirnos de abyección, entendí que hay dos actitudes vigentes y uno selecciona la suya. Sábato seleccionó la correcta, aunque eso le enajenara afectos o le propiciara críticas y sarcasmos. La América posible, la de la hermandad y la fraternidad, esa es la que quiero. La que se regocija en poemas como los de Héctor Carreto. La que se siente ampliada, completada, enriquecida con las vidas y otras de los demás. La que se apropia de lo mejor de toda la tradición universal, como lo hicieron prohombres como Pedro Henríquez Ureña, Alfonso Reyes, Jorge Luis Borges. La comprometida con ideales de democracia, tolerancia, libertad y justicia social, todos posibles.  La otra ni me interesa ni me enorgullece. El estar acusando a pueblos vecinos de nuestras situaciones en nada nos hace mejores. Más bien, nos envilece.  Mientras el locus de control sea ajeno a nosotros, estaremos renunciando a cambiar nuestras realidades. El espíritu tiene todavía la ardua tarea de vencer “la barbarie interior”. Esa que mora en nuestro interior.

 

Es tiempo de ser parte de esa utopía y de irla realizando en los hechos.

 

Véalo en Blogger: http://elblogdeaquilesjulian.blogspot.com/2011/03/hector-carreto-y-la-utopia-de-america.html

 

Véalo en www.scribd.com: http://es.scribd.com/doc/50208547/EL-POETA-REGANADO-POR-LA-MUSA-POR-HECTOR-CARRETO-MEXICANO

 

 

 

 

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